jueves, 14 de abril de 2005

Amigos muy distintos

Karny era un dinosaurio un poco comilón, siem­pre ansioso de devorar carne de otros animales. Sin embargo, los prefería ya muertos, pues eso de tener que matar para comer, era para él muy poco civilizado. No es de dinosaurios educados andar por ahí ase­sinando a traición para poder comer. La naturaleza es sabia y a todos provee.Rabanus, en cambio, era un diplacoco, grande y temible de aspecto, pero devorador solo de los más frescos y deliciosos vegetales. Rabanus, sin embargo, era muy gruñón y cualquier cosa de nada lo enfadaba. Entonces, amenazaba con devorarse todo y a todos. Por su aspecto algunos le creían y corrían espantados, se olvidaban que Rabanus no podía cumplir su promesa, pues no soportaba ni si­quiera el olor de la carne y en sus fauces solo los ve­getales acababan. Estos dos dinosaurios tan diferentes de aspec­to, dieta y carácter eran, a pesar de las diferencias, los amigos más entrañables que pudieron existir.
Mariella Arguelles M.

miércoles, 13 de abril de 2005

El perro que no sabía ladrar

Había una vez un perro que no sabía ladrar. No ladraba, no mugía, no relinchaba, no sabia decir nada. Era un perrillo solitario. A saber cómo había caído en una región sin perros. por él no se habria dado cuenta de que le faltara algo. Los otros eran los que lo hacian notar. Le decían:

-¿pero tú no ladras?
-No sé... soy forastero...
-Vaya una contestación. ¿No sabes que los perros ladran?
-¿Para qué?
-Ladran porque son perros. Ladran a los vagabundos de paso a los gatos despectivos, a la luna llena. (...)
-No digo que no, pero yo...
-pero tu ¿qué? Tu eres un fenómeno, oye lo que te digo: un día de estos saldras en el periodico
El perro no sabía como contestar a esas críticas. No sabía ladrar y no sabía que hacer para aprender.
-Haz como yo una vez le dijo un gallito que sentía pena por él. Y lanzo dos o tres sonoros kikiriki
-Me parace díficil dijo el perrito
-Qué va, es ¡facílisimo! Escucha bien y fijate en mi pico.
Vamos, mírame y procura imitarme.
El gallito lanzo otro kikirikí.
El perro intento hacer lo mismo, pero solo le salio de la boca un desmañanado "keké" que hizo salir huyendo aterrorizadas a las gallinas.
-No te preocupes -dijo ell gallito -, para ser la primera vez esta muy bien. Venga, vuelve a intentarlo. Lo intentaba todos los días. Practicaba a escondidas, desde por la mañana hasta por la noche. A veces, para hacerlo con más libertad, se iba al bosque.
Una mañana, presisamente cuando estaba es el bosque, consiguió dar un kikirikí tan autentico, tan bonito y tan fuerte que la zorra lo oyó y se dijo: "Por fin a venido el gallo a mi encuentro". Correré a darle las gracias por la visita... E inmediatamente se echo a correr, pero no olvido llevarse el tenedor, el cuchillo y la servilleta porque para una zorra no hay comida más apetitosa que un buen gallo. (...)
-¡Ah! -dijo la zorra- ¡conque esas tenemos! Me has tendido una trampa.
-¿Una trampa?
-Desde luego, me haz hecho creer que había un gallo perdido en el bosque y te has escondido para atraparme. (...)
-Te aseguro que yo... Verás, no pensaba en absoluto cazar. Vine para hacer ejercicios.
-¿Ejercicios? ¿De que clase?
-Me ejercito para aprender a ladrar. Ya casi eh aprendido, mira que bien lo hago.
Y de nuevo un sonorísimo kikirikí.
La zorra creia que se iba a reventar de risa. Se revolcaba por el suelo, se apretaba la barriga, se mordía los bigotes y la cola. Nuestro perrito se sintio tan mortificado que se marcho en silencio, con el hocico abajo y lagrimas en los ojos. (...)
Justamente en aquellos días se levantó la veda. Llegaron al bosque muchos cazadores, también de esos que disparan para todo lo que oyen y ven. Dispararían a un ruiseñor. Si que lo harían Pasa un cazador de esos, oye salir de un matorral cucú... cucú (que en realidad era el perro practicando otro sonido), apunta el fusil y
-¡bang!-¡bang!- dispara dos tiros.
Por suerte los perdigones no alcanzaron al perro. (...)
Mientras el cazador busca al pájaro. Estaba convencido de que lo había matado.
-Debe habérselo llevado ese perrucho, a saber de dónde habrá salido -refunfuñaba. Y para desahogar su rabia disparo contra un ratoncillo que había sacado su cabeza fuera de su madriguera, pero no le dio. El perro corría y corría. De rrepente se detuvo. Había oído un sonido extraño. Hacía guau guau. Guau Guau.
- Esto me suena -pensó el perro-; sin embargo, no consigo acordarme de cúal es la clase de animal que lo hace.
-Guau guau. (...)
-Vaya, otro perro.
Sabeis, era el perro de aquel cazador que había disparado poco antes cuando oyó el cucú.
-Hola, perro.
-Hola, perro.
-¿Sabrías explicarme lo que estas diciendo?
-¿Diciendo? Para tu conocimiento yo no digo, yo ladro.
-¿Ladras? ¿Sabes ladrar?
-Naturalmente. No pretenderás que barrite como un elefante o que ruja como un león.
-Entonces, ¿Me enseñaras?
-¿No sabes ladrar?
-No.
-Mira y escucha bien, se hace así: Guau Guau...
-Guau, Guau -dijo en seguida nuestro perrito. Y, conmovido y feliz, pensaba para sus adentros: " Al fin encontre al maestro adecuado".

Gianni Rodari, "El perro que no sabia ladrar",
en cuentos para jugar, Ed. Alfaguara, Madrid,
2003 (adaptación)

martes, 12 de abril de 2005

El cuento de un fantasma muy triste

Había una vez una familia que vivía sola con su hijo, un día decidieron cambiarse de casa y se cambiaron a la casa del "Fantasma muy triste". En la primera noche los papás antes de dormirse escucharon un lloriqueo, entonces fueron a ver al niño pero el ya estaba dormido, siguieron escuchando lloriqueos en la sala de arriba y fueron a ver, subieron pero tampoco encontraron nada, después escucharon lloriqueos en su pieza y otra vez, nada y como no escucharon nada más se fueron a acostar.

Un día, encontraron en la casa una pieza oscura y desconocida, nadie entraba hace 5 años a ese lugar. Entraron, y todo estaba lleno de arañas de rincón, miles de telas de arañas, por lo menos 50 bichos, entonces llamaron a un exterminador de bichos que era amigo de ellos y traía un guardapolvo (cotona o delantal) para que no se ensuciara porque además de haber tantas arañas y 50 bichos, había mucho polvo. Cuando el exterminador estaba limpiando, escuchó un lloriqueo y pensó que era el niño de la casa y fue a ver pero no era él. Cada vez sentía el lloriqueo más fuerte como si fuera acercandose. El exterminador no tuvo miedo y siguió con su trabajo.

Después de una hora la pieza quedo muy limpia pero sucedió algo terrible, cuando terminaron de limpiar el niño se murió porque el espíritu de esa pieza había hecho una maldición. Todos quedaron muy tristes.

Por: Diego Araya Reydet

La casa de los fantasmas

Había una vez, una familia que tenía sólo un hijo y vivían en una casa chica así que decidieron cambiarse. Cuando se cambiaron llegaron a “la casa de los fantasmas” pero ellos no se habían dado cuenta. La primera noche que pasaron en esta casa escucharon que se quebró un vaso pero no vieron nada y luego en su dormitorio se cayó una lámpara y tampoco encontraron nada.

Los fantasmas hacían todo eso para echar a esa familia, pero ellos siempre creían que era sólo el viento porque dejaban abierta las ventanas. Una noche se cayó una lámpara en el dormitorio del hijo y el niño se asustó y se puso a llorar pero llegaron sus padres y se lo llevaron y todos durmieron juntos, pero los fantasmas aprovecharon que todos estaban dormidos y al niño lo escondieron en el quinto piso de la casa.

A la mañana siguiente lo empezaron a buscar por todos lados y no lo encontraron, los fantasmas se lo habían llevado a un pequeñito lugar en el techo para que no lo encontraran. El papá siguió buscando y vió un hoyito en el techo y le avisó a la mamá que el niño estaba ahí con un par de fantasmas, que ahora si los podían ver, y buscaron rapidamente una linterna apuntaron a los fantasmas a la cara porque sabían que así se irían para siempre.

Finalmente los fantasmas desaparecieron y así la familia logró por fín descansar y ser felices en su nueva casa.

Por: Diego Araya Reydet

El ladrón

Había una vez una familia que vivía con 5 hijos y al más chico lo tomaban más en cuenta. Era una casa muy chica.

Ya estaban aburridos de esa casa y se compraron una mas grande y ahí estaban felices. Un día les robaron ropa, la tele, una cama que tenían guardada, dos muebles y un computador Pentium 4 muy veloz. Se preocuparon mucho, nunca les había pasado algo así.

Cuando salieron a comprar pan pasó el ladrón por al lado, y uno de los hijos se perdió, fue el más chico de todos. El papá y la mamá se asustaron mucho y lo buscaron y lo buscaron y no lo encontraron y adivinen quien se lo llevó: ¡El ladrón! y todos los de la casa lloraron mucho.

El era el único que sabía de computador nadie más y todos querían aprender de computador meterse a Internet y al msn para chatear con alguna persona conocida. Al niño lo buscaron por todos lados, y al final lo encontraron, y lo encontraron escondido.

Y todos quedaron muy felices.

Por: Diego Araya Reydet